GUILLERMO PARDO / Al lado del puente romano y frente a la iglesia de O Burgo hay un pequeño local de hostelería llamado Taberna do Campo que vale la pena conocer.

No tiene nada de taberna en el sentido que le damos a la palabra, ni siquiera de cafetería porque carece de cafetera industrial, pero tiene todo lo demás que se le puede pedir a un establecimiento en el que sirven comidas, a las que se le puede agregar el calificativo “caseras”. Porque lo son. Pero seamos más precisos: buenas comidas caseras. Con otro añadido: precios razonables.

Taberna do Campo

David y Patricia se reparten el trabajo en la Taberna do Campo

Una de las cosas que más se agradecen de locales pequeños como este -apenas diez mesas distribuidas en prácticamente un rectángulo- es que no huela a fritanga, cosa nada fácil si, además, se incluyen en la carta productos fritos. Lo agradecen los sentidos y la ropa, que no tiene que ser aireada al llegar a casa.

Tampoco, pese a ser también estrecho, es un lugar ruidoso. Nuevo punto a favor. Claro que, en este sentido, poco se puede hacer cuando la clientela es bulliciosa, pero al menos se mantienen controlados los volúmenes de la televisión y de la música, ambas cosas por otra parte innecesarias cuando se llenan los locales.

Comer sin ruido

Por cierto, ¿hay alguien que vaya al restaurante a ver la tele o a escuchar música? Entonces, ¿por qué en muchos locales están ambos encendidos, a veces con notables molestias para los comensales? Comer sin ruido y sin hacerlo debería formar parte de la educación escolar, y desde luego de los buenos modales.

Taberna do CampoDigresiones aparte, Taberna do Campo es obra de dos personas: David Vilariño y Patricia Navarrete, ella en los fogones y él en la atención al cliente, aunque se graduó en Cocina en el Instituto Paseo das Pontes y tiene amplia experiencia, pese a su juventud -treinta años- en numerosos establecimientos hosteleros: Javier Montero, Callejón 8, Grupo El Huerto, El 13, Hotel Complejo San Roque o La Penela de la calle Velázquez en Madrid, donde conoció a Patricia, su mujer.

Dice David que Patricia tiene mejor mano para cocinar. A falta de saber cómo lo haría él, estamos de acuerdo en el buen hacer de ella: su tosta de pulpo con mayonesa de aguacate es encomiable, como también lo son sus gambones crujientes con salsa de wasabi y mostaza en grano, el hummus con carne y nachos o la picaña de ternera a la plancha con sal del Himalaya.

Taberna do Campo

Tosta de pulpo con mayonesa de aguacate

Los clientes, muchos habituales, se decantan, en general, por las setas empanadas con alioli de ajo negro, servidas en cucuruchos, y los gambones, aunque probablemente el plato más sorprendente de esta Taberna do Campo sea su ceviche de corvina con tortitas de maíz. Debe serlo, puesto que la demanda de este pez así preparado se ha disparado hasta casi los diez kilos semanales, lo que no está nada mal para un establecimiento de estas dimensiones.

Taberna do Campo

Picaña de ternera a la plancha con sal del Himalaya

Buena mano en la cocina, atención y rapidez en el servicio y productos frescos se combinan con nota para hacer posible que se salga satisfecho de este local, que ofrece además completos menús (dos primeros, dos segundos, postre y café) por unos módicos 10 euros.

La carta de vinos, como la de platos y postres, también caseros, es corta. Más cantidad haría que se resintiese la frescura del producto y reduciría el dinamismo en el servicio. Y lo peor: afectaría al notable alto que se merece la Taberna do Campo.