IGNACIO G. RODRÍGUEZ / Senderiz (Ourense) es una aldea de 20 habitantes que reúne lo mejor del rural gallego: paisaje y calma. Este fue el panorama que en 2013 se encontraron Edo Sadikovic, un serbio de 29 años, y María Rodríguez, viguesa de 28, promotores de Sende. Pero la pareja vio algo más que un rincón de postal.

Casi cuatro años después, estos dos jóvenes emprendedores han puesto el pueblo en el mapa: la revista GQ ha elegido su espacio de coworking -literalmente, trabajo cooperativo – como uno de los coworking más “cool” del planeta. Su oferta, un espacio (casas rehabilitadas) donde reunir a profesionales de diversos sectores y procedencias con la idea de que interactúen y se beneficien mutuamente.

Para entender la fórmula del éxito de Sende hay que conocer la historia de Edo y de María, que han logrado también que los lugareños se involucren en el mundo 2.0. Acostumbrados a que la población se duplique con las actividades de coworking, los habitantes ponen su grano de arena para hacer más amenos los descansos de ordenador o de reuniones. “Al principio eran algo reservados, como es lógico. Ahora hasta nos traen comida de sus huertas: lechuga, cebollas…”, explica agradecido Edo.

Los tres pilares de Sende

SendeLos impulsores del proyecto tenían claro los tres pilares sobre los que montar su coworking: emprendedores, artistas y personas con intención de organizar proyectos. Ellos aportaban experiencia – en el ámbito de la educación y el voluntariado -, juventud, y una decidida apuesta por lo que descubrieron en Senderiz: “En 2013 compramos una casita que restauramos, y en julio de 2014 arrancamos”.

Hoy cuentan con una red de cinco casas y otras dos que alquilan de gente del pueblo cuando lo necesitan. Y es que, al margen de estar abiertos a las propuestas de los interesados, ellos mismos organizan actividades: seminarios internacionales, encuentros de dibujantes… 

A lo largo de este tiempo, las cifras ayudan a hacerse una idea de lo que es Sende. En menos de tres años han pasado por el pueblo hasta 900 personas de 46 nacionalidades. Visitantes que comen y duermen allí. “Nosotros nos adaptamos a la gente, nuestros precios van en esa línea”, explica Edo, que deja claro que lo suyo no es turismo rural.

¿Y qué es exactamente? “Es difícil explicar lo que pasa ahí dentro”, responde entusiasmado, y pone de ejemplo una de sus últimas experiencias: una fructífera reunión entre un australiano, un americano y un israelí que no se conocían y que salieron con proyectos en común, sinergias que también se traducen en ingresos para sus respectivos negocios.

El coworking ha venido para quedarse y está cambiando el modo de trabajar

SendePara el emprendedor serbio, el coworking es una fórmula que ha venido para quedarse: “Está cambiando el modo de trabajar. Nosotros aquí, por ejemplo, ofrecemos calidad de vida: no hay distracciones, no hay semáforos… Hoy en día, todos tenemos fechas límite para entregar trabajos o proyectos. Aquí puedes hacer en siete días lo que llevaría un mes; ventajas de crear sin distracciones”.

Edo, además, apunta también a la repoblación de zonas rurales como otra de las ventajas de este modelo de negocio, ya que “es un buen ejemplo de cómo se puede hacer en estas zonas de Galicia, además de llevar internet hasta allí”.

El de Sende ha sido pionero, y sus impulsores pretenden que siga siendo “especial” a medio plazo. “La idea es que a lo largo de un año y medio o dos podamos crecer y vivir con suficiente dinero de proyectos online. Entonces, una vez logrado eso, podremos hacer de Sende una especie de laboratorio”, explica el emprendedor.