MARIÁNGELES GARCÍA (YOROKOBU) / Si tu empresa te planteara reducir tu semana de trabajo de cinco a cuatro días, ¿firmarías? Piénsalo bien: trabajar de lunes a jueves y que tu fin de semana tenga tres días. Apetecible, a priori, sí que resulta.

Los beneficios de implantar esta jornada laboral son bastantes, según varios estudios. Para empezar, algunos expertos creen que se incrementaría la productividad. Cuanto más descanso, más productivo se es. Y más feliz también.

De cara a la conciliación familiar, disponer de un día más para el cuidado de los hijos o la atención a los mayores es otro factor importante. A todo ello hay que sumar una reducción de los costes energéticos (pasar menos tiempo en la oficina conlleva un ahorro de luz, por ejemplo) y mejoraría el medio ambiente (al haber menos desplazamientos, el nivel de contaminación descendería en las grandes ciudades).

También podría tener un efecto favorable en el consumo: cuanto más tiempo libre, más tiempo también para ir de compras.

Algunas empresas como Deloitte, Google o KPMG ya han puesto en funcionamiento este tipo de jornadas. El pasado mes de agosto, Amazon decidió desarrollar un programa piloto con este tipo de horario para algunos de sus trabajadores. Mantendrían las mismas horas de trabajo a la semana, pero concentrándolo de lunes a jueves. Las condiciones del contrato serían las mismas y el salario, un 25% menor que el del resto de compañeros.

Pero Allard Dembe, un profesor de la Ohio State University, no está de acuerdo con la supuesta bondad de una semana laboral de cuatro días y lo explicaba en un artículo en The Conversation. Para empezar, algo que no hemos mencionado hasta ahora: que reduzcamos los días de trabajo no implica reducir las horas. [Seguir leyendo].