CLAUDIO MORENO (YOROKOBU) / A estas alturas quedan pocos tabúes por superar, uno de ellos es el llanto en público. Pero no sufran. O sí, prepárense para hacerlo a la vista de los demás, porque 2017 podría pasar a la historia como el año del desfogue grupal.

Varios usuarios de Facebook han lanzado una serie de eventos denominados Quedada para llorar, programados el 6 de abril en distintas ciudades de España. La convocatoria más multitudinaria, en Barcelona, ya cuenta con 17.000 inscritos y más de 16.000 personas interesadas.

Su responsable no se lo cree: “El año pasado estaba estresado por los exámenes de la universidad y monté, junto a una amiga, esta quedada de broma. Se unieron unas 20 personas, publicamos cuatro memes nihilistas y ahí quedó la cosa. Pero este curso, de un día para otro, el evento se hizo viral. La gente empezó a publicar sus memes y se convirtió todo en algo muy raro”, cuenta David Bustos.

Desde pequeños aprendemos que llorar puede ser un signo de debilidad

Llorar en grupo como fenómeno viral; efectivamente vivimos tiempos raros. Lo cierto es que la cultura que compartimos se caracteriza por invitar al extremo contrario: reprimir las lágrimas para no evidenciar nuestra fragilidad.

El análisis de nuestro estado anímico está determinado por el aprendizaje vital y el contexto en el que hemos crecido, no sólo familiar, también social y cultural. Se denomina proceso de socialización. Desde pequeños aprendemos las reglas para ser personas válidas de cara a la sociedad, y una de ellas es que llorar puede ser un signo de debilidad.

Especialmente desde la perspectiva de género. El sociólogo Erick Pescador lleva años borrando los vestigios de esa masculinidad tradicional que reafirma al hombre abrupto frente a sus congéneres. Es la que más reparos pone al lagrimeo fácil: “A pesar de que parezca un comportamiento del pasado, la represión del llanto se repite incluso en los más jóvenes. Todavía se dice en las aulas ‘no llores, que pareces una nenaza’, o se cortan las lágrimas por ser símbolo de debilidad frente al modelo hegemónico masculino”. [Seguir leyendo].