DAVID G. ORTIZ (YOROKOBU) / La última aventura del Capitán América, el duelo entre Batman y Superman, las bravuconadas de Deadpool, los criminales del Escuadrón Suicida, los místicos poderes del Doctor Strange y el apocalipsis de los X-Men se colaron entre las quince películas más vistas de 2016. En televisión, el antibalas Luke Cage y el ultrasensorial Daredevil repartían estopa para Marvel y Netflix mientras Flash y Flecha Verde hacían lo propio para DC y The CW. No cabe duda: los superhéroes están de moda. Tanto como siempre o, si cabe, más que nunca.

Las hazañas sobrenaturales nos llaman irremediablemente la atención. Queremos ser los héroes y tener superpoderes, pero sin la fortuna de Bruce Wayne o Tony Stark estamos lejos de alcanzar nuestro objetivo tirando de chequera. Solo la tecnología puede proporcionarnos un atajo. Y vaya si lo estamos cogiendo.

La artista cíborg catalana Moon Ribas puede percibir los terremotos que suceden en cualquier lugar del planeta. Lo hace gracias a un sensor que vibra cada vez que se registra un seísmo. Es como una especie de sentido arácnido que avisa de un peligro remoto, pero incluso antes de implantárselo tenía unos poderes dignos de Spiderman: podía saber si alguien se acercaba por su espalda gracias a unos pendientes capaces de detectar el movimiento.

Su socio en la Cyborg Fundation, el londinense Neil Harbisson, nació con acromatopsia. Veía el mundo en una escala de grises hasta que decidió instalarse en la cabeza una antena que traduce los colores en sonidos o notas musicales. Percibe incluso las frecuencias invisibles para el resto, como los ultravioletas e infrarrojos, igual que Superman.

La periodista Adi Robertson se implantó un imán en uno de sus dedos anulares. Es menos práctico que divertido, pero le permite hacer flotar las chapas de cerveza como si estuvieran suspendidas en el aire. No levita ella misma cual Magneto, pero el truco la convierte en una auténtica heroína a ojos de quien desconoce su secreto. [Seguir leyendo].