IGNACIO G. RODRÍGUEZ / Jóvenes emprendedores batallan a diario con la crisis. Se buscan ideas que suenen a nuevo, a atrevimiento y también –esta es la parte menos agradable de la ecuación- a riesgo. Algunos de esos valientes empiezan a moverse en el mundo de la hostelería ecológica, y otros la llevan a su máxima expresión: han vuelto al campo. Es el caso de Pazo de Vilane.

El mundo rural, del que huyeron sus antepasados con destino a la ciudad, es ahora una oportunidad de negocio para atrevidos. Y aquí entran en juego las gallinas y los huevos camperos, pilares de esta apuesta.

Una sencilla búsqueda en la Red descubre decenas de páginas de particulares dedicadas a la venta o al alquiler de gallinas, jaulas y diversos materiales relacionados con la crianza. En pleno 2017, en un contexto de crisis y a pesar del auge de lo ecológico, la idea es arriesgada.

Pazo de Vilane

Nuria Varela-Portas

Pensemos ahora en hace 20 años, cuando no se oía hablar de huevos camperos en los restaurantes. Fue entonces cuando Nuria Varela-Portas, licenciada en Económicas, cambió Londres por el pazo familiar de Vilane, en Antas de Ulla (Lugo), que se encontraba abandonado. Empezó con 50 gallinas en 1996. Hoy tiene 100.000 en 37 hectáreas y factura 4,5 millones de euros.

Non fabricamos ovos, coidamos galiñas. Esta es la premisa del negocio familiar –actualmente, tres hermanos están involucrados- que acaba de recibir el premio al Proyecto Empresarial que otorga el Clúster Alimentario de Galicia. Hablamos con Piedad Varela-Portas, directora del Departamento de Marketing y Comunicación de Pazo de Vilane.

La aventura empresarial de Pazo de Vilane se inició en 1996, cuando Nuria Varela-Portas dejó Londres para involucrarse en un proyecto que empezó de la nada

Ahora puede parecer arriesgado apostarlo todo al negocio de los huevos camperos. Imagino que a mediados de los noventa sonaría a algo casi de ciencia ficción…

Había que tener valor, creatividad y visión de futuro. Y esto lo aportaba mi padre, que se adelantó. Él supo ver los valores que tenemos actualmente, como la vuelta al campo o la vida sostenible. Y lo hizo antes de que estallara la crisis. Además, conocía muy bien Galicia. Mi hermana puso la juventud y se encargó de la ejecución del proyecto. En aquella época era ir totalmente a contracorriente. Nadie hablaba de producir en libertad.

¿Cómo ve el mercado veinte años después?

Es un nuevo mercado clarísimo. Ahora hay muchísima seguridad alimentaria, pero el producto había perdido valor en el más amplio sentido de la palabra: lo tradicional, el contacto directo con los productores… y al recuperar esto, la gente lo agradece. Y estamos hablando de algo que redunda en el cuidado de la Naturaleza. Cada vez hay más gente concienciada, y cada vez hay más clientes que buscan estos productos en tiendas.

¿Y se ve el techo o hay margen para seguir creciendo?

No sabemos muy bien dónde está nuestro límite, pero nunca perdemos de vista que esto es un proyecto familiar. Y esta circunstancia también imprime unos valores muy claros. Ahora estamos apostando por ampliar la gama de productos, con mermeladas ecológicas, por ejemplo.

Una empresa mayoritariamente femenina

Pazo de Vilane

La granja factura 4,5 millones de € al año

La historia de Pazo de Vilane es también la de la mujer emprendedora en el rural gallego. ¿Queda mucho por hacer por la igualdad?

Las cifras están ahí. Las diferencias entre hombres y mujeres en el mundo laboral son muy grandes. Y en el rural, todavía más. El poco empleo que hay es para los hombres. Nosotros estamos muy orgullosos con nuestro modelo –una treintena de empleados, la mayoría mujeres-, es un hito en pro de la igualdad.

Dada su experiencia, ¿qué debe hacer un emprendedor y qué tiene que evitar a toda costa si quisiera abrirse hueco en este mercado en auge?

La producción en el campo es algo muy serio, no se puede uno lanzar a lo loco. Tiene que haber una vocación y una filosofía, un proyecto de vida que lo sostenga.

Supongamos que está comiendo en un restaurante. ¿Estudia detenidamente la carta en busca de información sobre la procedencia de los huevos?

(Risas). No suelo pedir huevos en los restaurantes. Bueno, a no ser que sean de Pazo de Vilane.