IGNACIO G. RODRÍGUEZ / Antes, la última maniobra al salir de casa era asegurarse de llevar las llaves. Ahora, el suspiro de alivio llega después de palpar el móvil. E incluso después de comprobar el nivel de batería. ¿Síntomas de nomofobia?

En la calle, grupos de escolares se mueven juntos, hablan entre ellos, pero no pierden de vista el teléfono móvil. Cafeterías y centros comerciales ofrecen servicio de wifi gratis, mientras cada esquina parece la postal idónea para hacerse un selfie. Todo ello mientras decimos me gusta o escribimos durante horas en conversaciones en grupo.

¿Disfrutamos del móvil o somos esclavos de él? Una pregunta sobre la que planea la sombra de la nomofobia (en inglés, literalmente no-mobile-phone phobia): el miedo a quedarse sin el móvil.

“Empieza a haber un problema”, explica Manuel Lage, psicólogo clínico de la Unidad de Tratamiento del Alcohol y Conductas Adictivas de A Coruña (Utaca), que ha visto cómo ha aumentado el número de consultas reclamando información.

La desconexión del mundo real causada por la nomofobia genera ansiedad

Madrid ha sido la última comunidad en anunciar que pondrá en marcha un servicio para adolescentes adictos al móvil. “El miedo es el de no estar al día, a perderse algo. Y el móvil, por tamaño, batería y accesibilidad es la herramienta más utilizada”, añade Lage.

Esta desconexión del mundo provoca ansiedad en el paciente. Y, ¿de qué hablamos cuando hablamos de ansiedad? “Inquietud, desasosiego, trastornos del sueño, sensación de nudo en el estómago, pérdida de atención y de concentración, irritabilidad…”, detallan desde la Utaca.

Los expertos explican además que “las adicciones se evalúan muy bien cuando hay síndrome de abstinencia”.  Es decir, si cuando se intenta recortar el uso del móvil se obtiene una respuesta desproporcionada: el afectado no duerme, no come… cuando afecta a su vida normal. Ahí, entonces, hay un problema.

La dependencia, además, genera también otros problemas en el paciente. “En las redes sociales está detrás de un cristal, no tan expuesto. Por eso gusta tanto a los jóvenes. Pero eso no les deja madurar: no me enfrento a la realidad, la evito. Genera personalidades ficticias que se refugian allí”, señala Lage.

Las soluciones de arrebato no funcionan. Hay que ceder el paso al sentido común

Hecho el diagnóstico, faltan las soluciones. Y esta es la parte más complicada, según los expertos, que piden calma: “La solución siempre es el camino más lento, que es el de la educación. No hay que curar, hay que prevenir. Las soluciones a modo de arrebato no funcionan”. Y aquí entra en juego el sentido común. “Como en todo, tiene que haber normas. Y no se negocian, se imponen. Tiene que haber tiempo para todo”, explica Lage, que apunta varios factores a tener en cuenta: la edad, la necesidad que existe de un teléfono, si este cumple su función… “Un niño con 10 años no tiene un Mercedes en la puerta”, concluye Lage para ilustrar.

¿Y se pueden proponer planes atractivos que no tengan que ver con el móvil? Desde la Utaca no pierden de vista los clásicos, pero tampoco los más innovadores: “Ir a la playa, entrenar con los amigos, hacer fiestas en casa sin móviles… en definitiva, jugar sin intermediarios electrónicos. Y discotecas, sin alcohol y sin móvil. Esta idea, que ya se lleva a cabo en algunos países, es muy buena”.

Pero calma. La nomofobia, como casi todas las novedades del mundo 2.0, todavía es difícil de asumir. Manuel Lage lo tiene claro: “Es como todo. Hay que esperar hasta que se genere cultura del uso y el abuso. Cuando se genere, se normalizará. Pasó en su día cuando empezaron a abrir los bingos, y está pasando ahora con el juego online”.