MAR ABAD (YOROKOBU) / Un diseñador de helicópteros creó la primera Vespa. Con ella quería hacer volar a todos esos jóvenes que quedaron arrastrados por la miseria de la Segunda Guerra Mundial. En 1946 apareció en la Toscana italiana el primer escúter de la compañía Piaggio. Miles de jóvenes mod, yeyé o simplemente jóvenes empezaron a circular con ella por Italia, Inglaterra, Francia y, un poco después, España.

La Vespa nació para rodar por la carretera, pero con el tiempo algunas de ellas andan rodando por la tarima flotante de una oficina. Ahora son sillas construidas con piezas antiguas y nuevas de esa motoneta que se convirtió en bandera mod en los años sesenta.

Para fabricar la motocicleta que inventó el ingeniero aeronáutico Corradino D’Ascanio era necesaria una cadena de montaje. Justo lo contrario al modo de creación de estos asientos. El estudio barcelonés Bel&Bel los manufactura en un taller alojado en una masía del siglo XVII. Allí diseñan cada silla como una pieza única al gusto de su futuro dueño.

En Bel&Bel empezaron a hablar de suprarreciclaje y reciclaje creativo para crear muebles que recuperan aquella cultura sedienta de libertad

Jesús y Carles Bel partieron de una filosofía artesanal cuando fundaron su estudio en 2005. Pensaban que había demasiadas piezas exquisitas en el desguace y en sótanos polvorientos que debían volver a las calles. Empaquetaron sus ideas en la teoría de las tres erres: “reutilizar, reducir, reciclar” y empezaron a hablar de suprarreciclaje y reciclaje creativo para crear muebles que recuperan aquella cultura sedienta de libertad.

De las vespas salieron las Scooter Chair Bel&Bel y los patinetes Z-Scooter. Del Seiscientos, el SEAT 600, resultó un sofá. Carles y Jesús Bel se fijaron en otro icono, el vehículo que motorizó al país en la década de los sesenta, para ampliar los materiales con los que diseñan nuevos objetos.

Dicen que les gustan estos trozos de coche y moto porque son piezas eternas. Hace años, cuando las fabricaron, querían que durasen toda una vida. Fue antes de que las compañías descubrieran que era más rentable la obsolescencia programada, esa abominable caducidad mortal.

Muchos de estos muebles con ruedas han llegado lejos. A hogares y estudios de decenas de lugares del planeta. A Singapur, Rusia, Canadá. Muy lejos. A ferias internacionales de arte y diseño de todo el mundo. [Seguir leyendo].