IGNACIO G. RODRÍGUEZ / Cuentan los actores que en pocos espacios se respira mejor que en el escenario de un teatro. En su día a día, la compañía La Quinta del Arte va un paso más allá.

Sus intérpretes improvisan, juegan y sacan la venda de los ojos de los espectadores, a los que lanzan un mensaje: en las tablas, como en la vida, sobran las etiquetas. Y ahí entra en juego el teatro inclusivo, la forma de entender el arte de la compañía. Un espacio abierto a personas con diversidad funcional (física y psíquica), en el que caben intérpretes de 14 años en adelante.

Para entender lo que es La Quinta del Arte no hay más que escuchar a su presidenta, la actriz Victoria Teijeiro, y su resumen de los comienzos de la compañía: “Me fui enganchando, era una lección de vida”.

Fue en Madrid, y bajo el nombre de La Quintana, cuando esta coruñesa empezó a dar clases de teatro a personas con discapacidad intelectual mientras estudiaba Arte Dramático. Después, ya en A Coruña, la rebautizada como La Quinta del Arte llegó a contar con un local por espacio de un año: “Era una oferta que faltaba en la ciudad. Los circuitos están cerrados a la discapacidad”.

La compañía combate con ideas -también cuenta con talleres de danza, entre otros- la falta de ayudas, y lo hace sin perder de vista que sus actividades se dirigen a “cualquier persona interesada en las artes”, como apunta Lucía Fernández, secretaria de la organización. Este es uno de los pilares de la agrupación, la riqueza de la mezcla.

La Quinta del Arte y el factor sorpresa

Actualmente cuentan con 26 alumnos, que pasan por tres meses de talleres y dos de ensayos antes de la gran función en el teatro con más aforo de la ciudad: la calle. “Jugaremos con el factor sorpresa”, avanza Teijeiro.

El taller de teatro se imparte en dos sesiones semanales en la Casa Casares Quiroga (Panaderas, 12) y el Teatro del Andamio (Alcalde Suárez Ferrín, 10). Los interesados pueden apuntarse o pedir información en el teléfono 600 319 689 o en el correo info@laquintadelarte.org.

Para preparar la función, los intérpretes trabajan con la improvisación y van dibujando a los personajes. Los profesores ayudan a “darle forma para que el puzle funcione”. Sobran alicientes.

El teatro es bueno para la inclusión, fundamentalmente por el juego y por su capacidad para generar grupo. Me tengo que poner a ver qué me cuenta el otro”, resume Teijeiro. Su compañera Lucía Fernández coincide, y añade sobre los integrantes de la agrupación: “Viven mucho la danza y el teatro”.

La iniciativa ha calado entre los familiares de los actores, que “están encantados”, según las responsables de la compañía. ¿Y qué es lo más gratificante para ellas? Teijeiro lo tiene claro: “Darles la posibilidad. Encima del escenario los ves felices”.

Ahí, en las tablas, seguirán creando hasta su estreno a pie de calle. Puro teatro.