CARLOS CARABAÑA (YOROKOBU) / Manu Nna tiene 26 años y es humorista. Cuenta cómo se enamora. Cómo le dejan o se emborracha. Cómo vuelve a empezar el círculo. Que le da miedo volar y los terremotos. También unos cuantos chistes en los que juega con lo que le gustan las gordas y las largas.

Manu Nna es gay y es mexicano, y su país es el segundo del mundo en crímenes homófobos (aunque cabe decir que tiene polos de tolerancia como Ciudad de México). Su show acaba de llegar a Netflix y es, hasta donde él sabe, el primer especial de un comediante abiertamente homosexual en la plataforma a nivel mundial. Lo define como una carga más que un orgullo.

«Fíjate que yo siempre he pensado que uno de los mayores problemas que uno puede tener es no atreverse a hacer cosas por el miedo al qué dirán y ahí yo meto a los actores que son muy famosos y ocultan que son homosexuales por ese miedo», reflexiona al teléfono Manu Nna.

Con los homófobos hay una especie de proselitismo, y hay que explicar que son como los demás: andan en bici, se enamoran, les rompen el corazón…

«Yo no quería salir a hacer un personaje fuera de esa honestidad propia del ‘stand up’ así que cuento como soy, como me va en la vida… y entre esas cosas está que soy homosexual». El 99% de su comedia, asegura, está basada en hechos reales. Como que le confundan con una lesbiana o en el momento en el que le dijo a sus padres que era gay.

Con la gente homófoba cree que hace una especie de proselitismo, de descubrirles que es un güey que anda en bici, que se enamora y le rompen el corazón… como ellos mismos, comunicándoles que es como cualquier persona.

«Yo empecé a hacer teatro y siempre quise estudiar actuación, pero en la escuela me corrieron diciéndome que nunca serviría para esto», explica el humorista de 26 años que lleva más de siete como monologuista, «así que me fui a estudiar cabaret en el teatro bar El Vicio, en Coyoacán». Para quien no lo sepa, al decir cabaret Manu Nna se refiere a «un teatro de denuncia social, de protesta, un poco a la izquierda, un poco político social… donde se juntan la farsa, la improvisación… una mezcla muy rica en la que caben todos los géneros».

Con una obra de cabaret en mente, el posadolescente aspirante a actor escribió un personaje. Su creación era un dependiente de gasolinera, misógino y homófobo, que en secreto, estaba enamorado del presidente de México Enrique Peña Nieto.


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