MARIÁNGELES GARCÍA (YOROKOBU) / Dejando a un lado la ternura que despierta cualquier cachorro, el burro es uno de los mamíferos que más asociamos a la inocencia de la infancia.

Niños y pollinos se entienden y se quieren como si fuera algo determinado en sus genes. La infancia de muchos de los que hoy ya tienen cierta edad y han tenido la suerte de pasar sus veranos en la casa de sus abuelos en el pueblo probablemente esté asociada en su mayoría a la figura de un asno.

Esa razón por sí sola hubiera bastado para que Eliseo García Nieto, periodista y cineasta, y Mondelo, fotógrafo de prensa, hayan escrito un voluminoso libro sobre burros llamado Hermano asno, editado por la Diputación de Córdoba. Pero la nostalgia del candor infantil no es el único motivo impulsor de esta obra.

De todos los animales que pueblan la Tierra, solo dos tienen un simbolismo capaz de representar lo mejor y lo peor. Hablamos del hombre y del burro. Ambos pueden ser símbolo de trabajo, de esfuerzo, de ternura, de fidelidad, de abnegación… Pero también son símbolo de la lujuria, la tozudez, la estupidez…

Cuando la mecánica se ha impuesto a la fuerza bruta de los burros, estos han dejado de ser útiles, condenándoles a una extinción lenta y silenciosa

No es este el único lazo que une al asno y al ser humano. El rucio ha sido empleado durante siglos como animal de trabajo. Agricultores, mineros, pastores, trazadores de carreteras, obreros que fueron colocando los primeros postes de la luz en España… se han servido de este animal para llevar a cabo su labor y ahora, cuando la mecánica se ha impuesto a la fuerza bruta del burro, estos animales han dejado de ser útiles condenándoles a una extinción lenta y silenciosa.

“Cuando me enteré de que los burros se estaban extinguiendo, me dio por pensar y me di cuenta de que en realidad les pasaba una situación paralela a la que les ocurría a sus amos, los trabajadores”, explica a Yorokobu García Nieto.

“En realidad, lo que está desapareciendo son los trabajadores, empezando por los agrarios, siguiendo por los mineros, los pastores… Y no dejé de sentir todavía una identificación mayor, no ya solamente desde el punto de vista del candor infantil, sino una especie de solidaridad de trabajador a trabajador”.

(Lee la historia completa en Yorokobu).


Imagen: Pascual Rovira, fundador de la Asociación para la Defensa del Borrico, con Mandla, el primer asno acogido en sus instalaciones en Rute (Córdoba) / Foto: Mondelo / yorokobu.es