BORJA VENTURA (YOROKOBU) / Hace unas semanas un post de Facebook recorría la red social como la pólvora. “Denzel Washington muestra su apoyo a Trump de la forma más épica posible”, rezaba el titular, con una imagen del actor dirigiéndose a cámara con una bandera americana de fondo, como si estuviera emitiendo el comunicado.

En apenas unas horas más de diez mil personas habían compartido el post y casi 50.000 habían reaccionado a la publicación o la habían comentado. Washington, además de un actor conocido, es negro. Y en un momento en el que la campaña se centraba en los flirteos del candidato republicano con los supremacistas blancos, ese apoyo era un aldabonazo contra las críticas.

La noticia, hoy eliminada, era falsa, y el sitio es difícilmente accesible desde Google.

La guerra fría de las noticias inventadas

Pero eso no importó. Fue una de tantas noticias inventadas de las que fluyeron durante la convulsa campaña norteamericana que acabó elevando a Donald Trump al trono de la Casa Blanca. De hecho, los miembros de su equipo contribuyeron activamente para aprovechar la corriente a favor: Eric Trump compartió otro rumor, del que los medios ‘serios’ se hicieron eco, sobre un supuesto pago de la campaña de Clinton para forzar protestas contra el republicano. El tuit, una vez extendida la idea, fue borrado.

Son dos ejemplos, dos de los quizá más llamativos, de una singular batalla de desinformación que ha tenido lugar en las redes sociales durante las elecciones estadounidense. No es nada excesivamente nuevo en sí mismo: hay determinados temas que aparecen y desaparecen de redes y medios a conveniencia, como en España ha sido el caso de Venezuela, por poner un ejemplo. La desinformación es parte activa de la política, y no es patrimonio exclusivo de trols anónimos de internet, sino también de medios de comunicación más inclinados a hacer política que periodismo. [Seguir leyendo].