GUILLERMO PARDO / Hay que matarlos a todos puede parecer una invitación al crimen. Cuidado: en la literatura, como en el cine, lo que parece no siempre es lo que debe ser. En este caso hablamos de la última novela del escritor y cineasta coruñés Héctor Carré, originalmente escrita en gallego y cuya versión en castellano acaba de ser presentada en la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid.

Cuando nos encontramos, de sopetón, con una afirmación tan rotunda como la que corona el libro de Héctor Carré volvemos la vista atrás: “¿Hemos leído bien?”, nos preguntamos. Queremos cerciorarnos de que es una amenaza, de que alguien se la ha jurado a alguien y de que pasará por encima de sus muertos para cumplir su promesa, aunque sea lo último que haga en la vida.

El párrafo anterior podría corresponder a una novela negra. Pero no lo es. Es una reflexión sobre esa sentencia que, como una maldición, identifica la novela de Carré. Del Carré coruñés, off course.

Héctor Carré

Presentación de “Hay que matarlos a todos”, con Héctor Carré y Antonio Rubio, este en primer término

El título de tu nueva obra suena, en principio, desconcertante. ¿A quién hay que matar?

Para la promoción se tomaron imágenes de un tráiler y en una de ellas se ve una foto del Gobierno. Así, fuera de contexto, la idea es engañosa. La novela no trata de eso, sino de las oscuridades del poder. El título no hace referencia a que hay que matar a los políticos, pero sí a deshacerse de la gente que molesta. Así que me pareció que era un título apropiado.

En concreto, ¿a qué se refiere, qué quiere decir?

Hace referencia a una frase de un personaje que, en realidad, no llega a pronunciar porque es una de esas cosas que nunca se dicen. Como de esas cosas de las que nunca se habla, que van por debajo de la tierra, como las cloacas del Estado.

“No me importa saber quién es el asesino, sino hablar de la sociedad”

En la novela hablas del CNI o de la familia real. Se supone que todo parecido con la realidad es pura coincidencia…

Sí. Un día me contaron un rumor, que reelaboré. Casualmente, un periodista me dijo después que algunas cosas de las que hablo en la novela habían ocurrido de manera muy parecida.

Se supone que en las sociedades democráticas el poder debería ser más transparente. Sin embargo, la realidad aporta a los escritores argumentos para obras como esta.

La novela negra cobra sentido cuando se convierte en una herramienta de denuncia social. La que cuenta la historia del policía alcohólico que tiene que resolver un caso no me dice nada. A mí no me importa saber quién es el asesino, sino hablar de la sociedad. Me gusta contar historias sobre el mundo para que la gente que las lea se sienta identificada y en el futuro se entienda cómo era nuestro día a día.

Héctor Carré, en la senda de los clásicos de la novela negra

Héctor CarréAsí aprendimos, mejor que en los libros de historia, cómo era la vida en ciertos ámbitos de la sociedad estadounidense de los años de la Ley Seca, de los anteriores y posteriores a la Segunda Guerra Mundial…

Pensemos en Raymond Chandler o en Dashiell Hammet. Ellos hacían novela social para describir la corrupción de la policía y de los políticos, las operaciones sucias con las que se controlaban las ciudades, el modo en que las mafias legales se enfrentaban a las ilegales. Creo que eso es lo más importante de la novela negra.

¿Y el suspense?

Para mí ya forma parte de la narración. A mi modo de ver, el suspense es necesario para que motive a seguir adelante con la historia. Algunos autores de escritura cinematográfica le llaman “el movimiento hacia adelante”. Es bueno que cada escena, cada capítulo de una novela proyecten un movimiento en ese sentido para que el espectador y el lector se pregunten cómo se va a resolver la situación.

Pasadas décadas desde el auge de ese tipo de novela americana seguimos hablando de las mismas cosas, como si no hubiese cambiado nada. ¿Lo ves así?

Desde entonces la sociedad ha cambiado, sin duda. En algunas cosas parece, sin embargo, que la tendencia es a peor. Lo que sucede es que cualquiera que ostenta el poder tiene la tentación o la posibilidad de corromperse. Me parece ridículo que un político se ufane de ser honesto cuando nunca ha estado en el poder. Puede presumir de honestidad cuando tiene poder y, estando en él, no se ha aprovechado. No se puede presumir de ser honesto sin haber tenido la posibilidad de corromperse.

“Hay que vigilar al poder para evitar que el que lo tiene pueda aprovecharse de él”

¿Las sociedades democráticas se ven impotentes para mantener el poder a raya?

Pienso que no es eso, sino que el proceso de hacerle frente al poder no es algo que se pueda acabar. Es un continuo. Hay que vigilar al poder para evitar que el que lo tiene pueda aprovecharse de él. Por eso existe la prensa y por eso a la prensa se le llama “el cuarto poder”. Aunque ahora mismo estamos en una situación extraña con respecto al poder de la prensa.

Pese a tener más y mejores medios que hace unos años, ¿la prensa controla al poder o el poder se vale de su posición y sus privilegios para burlarse de ese control?

No creo que la prensa tenga más posibilidades que antes. Sí tiene mejores herramientas técnicas, pero en cuanto a mano de obra no hay color. Hace unos años, en El País habría 500 o 600 periodistas y en El Mundo ocurría algo parecido. Hoy, si llegan a la mitad, van que se matan. Cuando a las empresas no les salen los números, la solución a la que recurren es la rebaja de gastos generales.

¿Por qué elegiste a un periodista como protagonista y no a un detective?

Para apartarme del cliché, del estereotipo del investigador. Yo quería otro tipo, un tipo que me permitiese llevar a cabo la investigación con otra personalidad, con otro carácter. Además, me parece que el periodista de investigación es un investigador tan válido como un policía. De hecho, muchas veces se relacionan.

“No es fácil saber cómo opera el CNI. Sus protocolos no son públicos”

Los escritores suelen decir que para documentar sus obras tienen que investigar mucho. Con respecto a tu novela te lo han puesto en bandeja, dado que lo que denuncias en “Hay que matarlos a todos” está a la orden del día…

He leído bastante para poder escribir con base. Entre otras cosas El poder, de Bertrand Russell, además de otros libros y toda cuanta información llegaba a mis manos. Por ejemplo, no es fácil saber cómo opera el CNI. Sus protocolos no son públicos. Es un servicio secreto, secreto es su presupuesto y secreto su funcionamiento. Si alguien que lo sabe no te lo cuenta, es difícil saber cómo trabaja. Ahora bien, gracias a la literatura y al cine todos tenemos una idea de cómo funcionan más o menos los servicios secretos.

¿Qué fue lo más difícil de esta novela?

Comprenderla. Saber qué historia estoy contando, de qué trata y cómo la quiero estructurar. Las ideas que se puedan tener casi nunca son completas. Cuando uno hace una película o escribe un libro la gente siempre pregunta: “¿Y de qué va?”. La respuesta es eso que uno busca cuando empieza a pensar en una historia. Pero cuando empieza a pensarla no tiene la respuesta tan clara. Lo complicado es encontrar lo que en el cine llaman “el concepto”.

Héctor Carré

La acción transcurre en ciudades como Madrid, Buenos Aires, Casablanca, A Coruña… ¿Qué protagonismo tiene A Coruña en “Hay que matarlos a todos”?

La verdad es que no considero a las ciudades como protagonistas, sino como escenarios. La acción en esta novela está situada en lugares que conozco, bien porque he vivido en ellos o he estado allí. Es mucho más fácil describir un espacio si has estado en él. La única ciudad de las que aparecen en la obra que no conozco es Casablanca, pero me parecía apropiado incluirla por las relaciones que establezco entre el Gobierno y esa ciudad. La recorrí de la mano de Google Earth, de modo que todo lo que ocurre allí lo situé sobre imágenes de la ciudad, lo que me ha permitido aportar detalles que agradece la narración.

Tenemos la idea, quizá equivocada, de que los cineastas ven el mundo como una película y que por eso tenéis más facilidad para poner sobre el papel lo que imagináis. ¿Es así?

Gay Talese me dijo que la principal herramienta para su trabajo son sus ojos. Dice que lo primero que hace es visualizar lo que va a contar para luego describirlo como si fuese una película. Eso es lo que hace él, y que yo sepa no es cineasta. Quiero decir que no sé si ser cineasta es una ventaja para escribir novelas. Lo que es cierto es que una descripción más o menos visual hoy en día es bien recibida por el público, que parece más dispuesto a leer narraciones próximas al audiovisual.

“No soy un escritor al que le guste la descripción. Prefiero que me digan que la mesa está ‘primorosamente puesta’. Con eso tengo suficiente para imaginarla”

¿Cómo estructuras mentalmente la narración?

Explicarlo no es sencillo. Creo que está más allá de mi capacidad descriptiva. Intento que el lector quiera pasar la página y seguir leyendo. Tampoco me esfuerzo en describir el decorado, las acciones de los personajes. No soy un escritor al que le guste especialmente la descripción. Contar cómo es un mantel, cómo está colocada una mesa, etc., me aburre. Prefiero que me digan que la mesa está “primorosamente puesta”. Con eso tengo suficiente para imaginarla.

Tu primera novela, “Diario do impostor”

Le puse ese título en homenaje a Genet, que escribió Diario de un ladrón. Me parece una obra de arte.

Tratando de hacer un paralelismo con la realidad que intentas reflejar en tu novela, ¿ves mucha impostura en la vida política?

Sí. Se supone que un político es una persona que tiene vocación de servicio público. Dudo de que la mayoría de los que están en política se dediquen a ella por vocación. Algunos la tienen, otros están en ella por tener un trabajo tan digno como el mío y otros tienen la intención de aprovecharse. Esto, por otra parte, tampoco es tan fácil, porque cada vez fiscalizamos más a los políticos.

¿Tú crees?

Sí, porque si comparamos a los políticos de hoy en día con los de hace 40 años creo que la política actualmente es mucho más limpia de lo que lo era durante la dictadura. En esa etapa la corrupción formaba parte del sistema.

“Hoy, el político que tiene intención sabe que no se puede robar con la alegría con que se hacía durante el franquismo”

Interesante reflexión. Normalmente lo que se oye es decir que todo está corrupto e incluso son muy populares chascarrillos del tipo “Con Franco se vivía mejor”… Tu visión de la situación política actual en España es optimista.

Creo que más bien lo veo con realismo. Quizá haya quien quiera hacernos creer que con Franco los políticos no eran tan corruptos como ahora. Creo que lo eran muchísimo más. Sabían que podían hacer lo que les diera la gana porque nadie podía pedirles cuentas. Eso hoy no es así. El político que tiene intención sabe que no puede robar con la alegría con que se hacía entonces.

Algunos críticos dicen que tu nueva novela discurre de manera cinematográfica. ¿Hay alguna previsión de que sirva de base para una película?

Me gustaría que se llevase al cine, pero no depende de mí. Habría que conseguir financiación. No será fácil porque es una novela difícil de rodar.

¿Algún proyecto en marcha o en perspectiva?

Estoy terminando un documental que trata sobre lo que Internet le está haciendo a la prensa. He hablado con Gay Talese, Noam Chomsky, Amy Goodman, Iñaki Gabilondo, Javier del Pino, Casimiro García Abadillo… He estado rodando en periódicos, he acompañado a periodistas mientras hacían su trabajo aquí y en Nueva York… Un tema apasionante.