SERGIO PARRA (YOROKOBU) / En el XVII, todas las personas bienpensantes que vivían en Europa tenían una serie de creencias e ideas que, leídas de corrido, nos demuestran la enorme distancia que hay entre ellos y nosotros.

Porque, a pesar de que tendamos a enunciar agoreramente que estamos rodeados de magufos, el conocimiento humano no ha dejado de aumentar exponencialmente a partir del año 1600. Antes de esa fecha, lo que sabíamos (y sobre todo lo que sabíamos como lo sabíamos) estaba en gran parte estancado. Pero a partir del siglo XVII, gracias a la Revolución Científica, en solo cien años los nuevos conocimientos adquiridos fueron más que todos los atesorados durante milenios.

Para darnos cuenta de este cambio de paradigma que supuso la Revolución Científica (o el nacimiento de llamada «ciencia moderna»), basta con presentar una lista de creencias e ideas de un europeo culto para comprobar hasta qué punto estaba atrapado en la ignorancia, en palabras del historiador David Wootton (La invención de la ciencia, 2017).

Ideas sobre medicina

1. Un europeo bien educado típico, en el año 1600, sostenía que el cuerpo de una persona asesinada puede empezar a sangrar en presencia del asesino. Una forma muy fácil de identificar al culpable y que hace prescindible a figuras como Sherlock Holmes.

2. ¿Que una daga te ha causado una herida? No importa: basta con untar la hoja de la daga con un ungüento y tu herida, voilà, se curará por sí sola. Así te ahorras una buena contaminación de gérmenes si un médico toquetea tu herida, porque en esta época no se conoce todavía (ni siquiera se ha inventado) un microscopio para ver microorganismos.

3. Para conocer los efectos curativos de una planta no es necesario hacer un análisis químico o un ensayo de doble ciego: basta con echar un vistazo a la forma, texto y color de la propia planta, que ya es suficiente pista sobre sus efectos.

4. Si tienes cualquier duda sobre salud, solo debes consultar las enseñanzas en medicina de Galeno, no importa que haya vivido en el siglo II: no hay que cuestionar a los sabios de la Antigüedad (por eso, hay que leer también a Ptolomeo y Aristóteles para resolver otras dudas sobre Historia Natural o Astronomía). Además, cuando solo tienes unos veinte libros, ¿qué otra cosa te queda?


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