VIRGINIA MENDOZA (YOROKOBU) / El semiólogo Ronald Barthes lo dijo en los años 60: “La imagen ya no ilustra las palabras, sino que ahora son las palabras las que, estructuralmente, son parásitas de la imagen”.

Misma, tipografía e imagen. Son idénticas, pero vienen de las mismas páginas: Escritos, Monalisa Literaria, El cementerio de los libros olvidados, El Club y sus primas anglosajonas Wordporn, Wordables y Wordgasm, entre otras muchas.

Todas estas páginas parten del mismo punto, de una necesidad: nos encanta compartir imágenes. Por eso, convierten frases en contenido visual con más probabilidades de difusión en Facebook.

¿Por qué lo hacemos? Para sentirnos importantes. Para que nos quieran. Facebook lo sabe. Por eso, la red social da prioridad a la imagen sobre el texto volcado en un estado y, por eso, las frases aparecen dentro de una imagen cada vez con mayor frecuencia.

Pero, ¿qué es lo que lleva a los usuarios de Facebook a compartir unas imágenes y no otras?

Facebook siempre ha priorizado unos contenidos sobre otros en función de distintas variables como la cantidad de interacciones del perfil o la página en cuestión o por el formato de la información.

Facebook prima la imagen

En el último caso, la red social visibiliza en mayor medida el contenido que la página quiera compartir si es a través de una imagen. No en vano, desde este interés por lo visual, Facebook desembolsó 1.000 millones de dólares para hacerse con Instagram, una aplicación que no da beneficios.

Entre los diversos estudios que han profundizado en las razones que nos llevan a compartir unos contenidos y no otros, compartir compulsivamente o evitar algo que nos morimos por compartir pero que nos avergüenza o nos “desnuda” en público, The New York Times llevó a cabo uno de los más reveladores. El estudio, titulado The psychology of sharing: why do people share online?, llegó a una conclusión tan sencilla como contundente: “Compartir es humano”.

Esta necesidad acuciante de compartir contenido útil, interesante o divertido aflora en el 85% de los casos cuando la información es de cierto valor y credibilidad. Que compartir contenidos online roza la adicción es una idea que predomina en más de la mitad (58%) de los participantes en el estudio. Para ellos, dejar de compartir sería difícil.

The New York Times identificó seis tipos de personas en función de las motivaciones que llevan a ceder ante esta pulsión. [Seguir leyendo].