GUILLERMO PARDO / Disfrutar de la buena comida es una satisfacción que agradecen el cuerpo y los sentidos, y si además estás cómodo, te atienden correctamente y pagas un precio razonable, mejor todavía. Doble satisfacción. Eso puede ocurrir en muchos restaurantes. El Comei Bebei de Oleiros es uno de ellos.

Este mesón, casa de comidas y tapería no es un descubrimiento. Sus 43 años de actividad hostelera le han granjeado fama y prestigio, y son muchos los elogios y comentarios favorables que ha cosechado a lo largo de ese casi medio siglo de historia al servicio de la buena gastronomía.

En plataformas como Tripadvisor, las opiniones de quienes lo han visitado colocan al Comei Bebei entre los mejores establecimientos de comidas del municipio de Oleiros, con porcentajes de aceptación que lo sitúan por encima del 70%, si solo tenemos en cuenta las calificaciones “Excelente” y “Muy bueno”. Sospechamos que un resultado así no puede ser casual. Sospechamos bien, y además lo comprobamos de una manera poco usual.

Comei Bebei

Además de platos a la carta, en el Comei Bebei se sirven menús

Un día de semana que llevaba prisa y se me había hecho tarde me detuve a comer, con la esperanza de que me sirviesen pronto. Seguía teniendo prisa. La tarde se me echaba encima. Entro y me acomodo en la barra.

– Buenas tardes. Llevo un poco de prisa, ¿podría servirme algo rápido? -, le pregunto al que creía que era el camarero.

– Claro. Puedo ponerte media de pulpo, de calamares, de raxo…

– De raxo -, decidí después de unos instantes de duda – Y una caña, por favor -, concluí.

La caña llegó al instante y poco después, una cestita con tres trozos de pan de Panadería Román, situada unos metros más allá en dirección A Coruña por la carretera a Sada, frente a la Casa Consistorial de Oleiros.

El pan del Comei Bebei es fresco. No tiene nada que ver con el congelado que sirven y cobran como artesano en algunos lugares

Unos diez minutos después, el camarero – llamémoslo así de momento – me pone delante un plato con una generosa media ración de raxo con patatas y pimientos fritos. Sorprendido por la cantidad y el agradable aroma que emana de lo que acaba de salir de los fogones, me dispongo a dar cuenta de una media ración que bien podría ser considerada ración completa.

Comei Bebei

Solomillo y patatas de Vilalba

Mientras saboreaba cada bocado pensaba en la frescura de esos alimentos y en lo tierno de la carne, que pese a ser sometida a la sartén no había perdido su textura suave y jugosa. A un paladar mínimamente educado no le cuesta distinguir la calidad, extensible al pan, con el que acabé rebañando el plato. ¡Qué diferencia con el congelado que se sirve en algunos lugares y que cobran como si fuese artesano!

– ¡Exquisito! Felicite, por favor, al cocinero o a la cocinera por su buen trabajo -, le digo al “camarero” instantes después de llevarme a la boca el último trozo mollete bañado en aceite.

– Gracias, se lo diré -, me respondió.

– La carne estaba muy tierna y sabrosa. Y el acompañamiento…

– Sí, bueno, es que el raxo lo hacemos con solomillo, no con lomo, que es lo habitual. Las patatas son de la tierra y el aceite, de oliva virgen extra.

– Pues muy bien. Con productos así ya se puede. ¿Cuánto le debo?

– ¿Quiere poste o algo más?

– No, sólo la cuenta. Voy con prisa.

Teclea en la máquina registradora. Corta el papel y, mientras lo comprueba, suelta: 

– 6,80

Lo miro, sorprendido, y lo repite:

– Son 6,80.

Pago, me despido y me voy. Satisfecho.

Lo comento con algunas personas. Todas se muestran sorprendidas y hacen comentarios elogiosos del Comei Bebei. Algunas porque ya habían estado allí comiendo a la carta, el menú del día (10 euros) o tapeando, que todo esto se puede hacer en este restaurante, mesón, casa de comidas y tapería de Oleiros.

Vuelvo al restaurante con la intención un tanto perversa de comprobar que mi anterior experiencia no fue fruto de la casualidad

La idea de volver en cuanto tenga ocasión me ronda, y además una intención un tanto perversa: comprobar la certeza en todos sus términos de esa anterior experiencia.

Vuelvo unos diez días después, pasadas las tres de la tarde, con idéntica puesta en escena: llevo prisa, me siento en uno de los taburetes de la barra y pido lo mismo: media de raxo y una caña.

Comei BebeiLa respuesta fue idéntica: tres trozos de pan artesano y un plato completo de olorosa comida recién salida del fuego. El precio, también el mismo: 6,80. Como la vez anterior, tampoco queda nada sobre la porcelana blanca.

Le comento mi satisfacción por la comida a quien me la ha servido, Manuel Calvo, al frente del restaurante tras el reciente fallecimiento de su hermano Antonio. Durante la conversación me identifico como periodista y le pregunto por lo que acabo de comer.

Obtengo las mismas respuestas, con el añadido de que las patatas se las sirve, con otros productos del campo, un proveedor de Vilalba (Lugo). Soy de los que piensan que una mala patata puede estropear el mejor manjar.

En el Comei Bebei también lo saben.