GUILLERMO PARDO / La de fotógrafo es una de las profesiones que más ha experimentado el impacto de las nuevas tecnologías, con cámaras que convierten a los poseedores de teléfonos inteligentes en potenciales hacedores de fotos. El matiz es relevante, puesto que si la fotografía profesional es un arte, no todos los que hacemos fotos podemos ser considerados artistas.

Andrés Irrazábal pertenece a este último grupo. Es uno de los muchos profesionales que nada más tocar la cámara comienzan a concebir una obra, cualquiera que se disponga a fotografiar, cuyo resultado tendrá una lectura técnica. Ese detalle, crucial, es lo que diferencia a los profesionales del resto, orgullosos de haber obtenido con un clic unos píxeles destinados al efímero patio de vecinos de las redes sociales.

El conocimiento, la formación y el criterio profesional no libran a Andrés Irrazábal de tener que adaptarse constantemente al empuje de las novedades tecnológicas y de la globalización del mercado fotográfico, controlado por plataformas y empresas que han arrinconado de tal modo el trabajo artesanal que prácticamente ya nadie contrata a profesionales para inmortalizar momentos únicos ni las secuelas del tiempo, hasta hace poco fuente importante de ingresos.

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Fotografía: Andrés Irrazábal

En un mundo en el que cualquiera con un teléfono inteligente puede hacer fotos cabe preguntarse: ¿qué es ser fotógrafo?

No solamente cualquiera puede hacer fotos, incluso puede hacerlas buenas, muy buenas. Quizá fuera un poco injusto en el pasado que solo unos cuantos pudieran permitirse ciertas tecnologías por caras y minoritarias, y sólo de ese círculo emergieran los “fotógrafos”. Quizá ser fotógrafo ha dejado de estar relacionado con hacer fotos o con qué hacerlas y se trate de una cuestión retiniana, de sensibilidad.

La fotografía se ha convertido en el modo de comunicación dominante y ha multiplicado las narrativas. ¿Cómo se asimila esta realidad tan cambiante?

Se asimila rápidamente. La capacidad de adaptación de la especie humana es asombrosa. Antes tenías que esperar a hablar con alguien para describirle algo, dominar un poco el lenguaje, pensar entretanto en cómo plantearlo, buscar las palabras adecuadas, ejemplos, referencias, intenciones. Ahora envías una foto y ya se hace cargo el receptor. Fotografías en qué lugar del aparcamiento dejas tu coche, el nombre de una calle, lo que sea. Y por si fuera poco, lo puedes transmitir instantáneamente. Eso lo ha cambiado todo. En cuanto medio de comunicación, es una revolución y nos presta un servicio incalculable. En cuanto a las narrativas, en el mejor de los casos también se hace cargo el receptor.

Fotografía “posloquesea”

A veces se tiene la impresión de que como la sociedad misma que nos ha tocado vivir, la fotografía se ha vuelto inasible, líquida. Joan Fontcuberta dice que vivimos en la era de la posfotografía. ¿La fotografía ha muerto?

La propia pregunta encierra la respuesta: “como la sociedad misma que nos ha tocado vivir”. La fotografía se ha parecido en cada momento a su sociedad contemporánea. Ergo: ¿se ha vuelto nuestra sociedad inasible y líquida?

Todo cambio, y especialmente los tecnológicos, admite una etiqueta “posloquesea”. Quizá los fotógrafos de 1925, con sus pesadas máquinas y exposiciones de minutos, tuvieron la misma percepción acerca del formato miniatura -nuestro 35mm- que introdujo Leitz aquel año.

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Fotografía: Andrés Irrazábal

¿De qué manera podéis reivindicar los profesionales vuestro trabajo ante el empuje de la impostura, la banalidad, lo efímero?

La impostura y la banalidad no van asociadas a la profesionalidad, entendida ésta como la tenencia de una licencia fiscal o la creación de una página en redes sociales con apellido “photographer”, cosa que lleva menos de 60 segundos. Vuelve a ser una cuestión de sensibilidad. La sobresaturación de imágenes insensibiliza y eso reduce el mercado porque hay menos clientes sensibles y mucha oferta de la mano de los “photographer” creados en 60 segundos, sobrealimentados por los “likes” y mórbidos de amor propio.

En ese mercado estrecho hay que estar especializado y ser muy bueno en eso tuyo, pero, sobre todo, comunicarlo excelentemente. En cuanto “fingimiento o engaño con apariencia de verdad”, la fotografía es, y siempre ha sido, una forma de impostura. Que las fotografías sean perecederas y transitorias no implica la muerte de la fotografía, como el carácter efímero del ser humano no implica la extinción de la humanidad. Otras vendrán.

“La sobresaturación de imágenes insensibiliza. Eso reduce el mercado porque hay menos clientes sensibles”

Utilizas mucho las redes sociales para difundir tu trabajo, y nunca o rara vez para cuestiones personales. Sin ánimo de crítica: ¿qué te parece que se publiquen fotos de menores que cuando sean adultos verán cómo su infancia ha sido sometida a espectáculo público y que esas imágenes no les pertenecen?

Supongo que para esos adultos futuros el concepto de imagen privada y pertenencia cambiarán. No me parece preocupante que se difundan imágenes normales. Además, cada vez las zonas públicas son menos privadas y se obtienen imágenes nuestras por razones de seguridad (calles, cajeros, tiendas), así que estamos más expuestos y el concepto de privacidad es más elástico.

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Fotografía: Andrés Irrazábal / @arquifactoría.mff

Tu trabajo se mueve por distintos ámbitos: de la foto gastronómica y el retrato ahora te zambulles en la exploración de lo inmobiliario y lo arquitectónico. Parecen cambios radicales. ¿Estás inmerso en una búsqueda o en una experimentación constante?

Aunque públicamente se perciban como cambios, siempre he practicado varias disciplinas, como todo aficionado. Lo que ocurre es que profesionalmente emergen en un momento dado para un mercado determinado. Arquitectura, gastronomía y retrato, desde que me dedico profesionalmente a esto, han sido mis especialidades, y son muy próximas: en fotografía gastronómica, además de los platos, suelo fotografiar los locales, exterior e interior -arquitectura y decoración- y desde luego a los chefs, responsables de sala, dueños de locales -retratos -. Así que están ligadas indisolublemente.

Las fotografías gastronómicas que vemos en tu web son de un realismo apabullante. Dan ganas de comérselo y bebérselo todo. ¿Es la perfección visual un elemento caracterizador de tu trabajo?

Se trata precisamente de provocar eso, que te lo quieras comer y beber. Para evocar cinco sentidos contando solo con la vista hay que ser perfeccionista, cuidar los detalles al máximo, utilizar todos los recursos necesarios: atrezzo, trucos, iluminación intencionada y exquisita. Es un trabajo fascinante.

“La comodidad del espectador es totalmente compatible con que yo quiera vender mis fotos”

Si hubiera que definir las que muestras como Arquitectura quizá el adjetivo “calidez” encajaría con la impresión que se recibe. Del mismo modo que tenemos la percepción de que podríamos comer los alimentos que fotografías, tenemos las certeza de que podríamos mudarnos a uno de esos pisos. ¿Eres un fotógrafo amable, buscas la comodidad del espectador o solo quieres vender fotos?

Suelen converger ambas intenciones: un chef quiere que su plato se quiera comer, como un arquitecto o un decorador quieren que sientas que vivirías en esa casa. La comodidad del espectador es totalmente compatible con que yo quiera vender mis fotos. Y afortunadamente un grupo importante de los dos sectores es sensible a la calidad y el cuidado de cada detalle y busca y aprecia la excelencia. 

Viendo tus retratos se diría que el movimiento es constante. Sin embargo, sabemos que los retratados suelen comportarse como estatuas, quizá por inseguridad ante la cámara. ¿Para hacerse con la voluntad del que posa hay que tener carácter o capacidad persuasiva?

Me resultan bastante presuntuosos los discursos de fotógrafos que dicen sacar el alma a sus retratados. No es mi intención ni siquiera hacerme con su voluntad en alquiler. Hago lo que puedo por que se sientan cómodos, relajados sobre todo y creo que nunca lo están, al menos los no profesionales. Un estudio, luces como de cine, un tipo desconocido apuntándote con un cañón… pobres, no es nada fácil.

“Me resultan bastante presuntuosos los discursos de fotógrafos que dicen sacar el alma a sus retratados”

Durante todo 2013 desarrollé un proyecto personal de retratos a mujeres, Ellas + (Ellas plus), un asunto solidario. Fotografié a 150 mujeres. Fue una experiencia magnífica. Muchas me comentaron que estuvieron muy cómodas y algunas son actualmente mis mejores amigas. El próximo proyecto personal será también de retratos, pero esta vez prescindiendo del rostro. Un día de estos lo lanzaré. Hago retratos a profesionales, ya sean cocineros, arquitectos, profesores, sanitarios, empresarios, hasta a políticos para carteles electorales.

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Fotografía: Andrés Irrazábal / @arquifactoría.mff

Hay quien utiliza la fotografía para cambiar una realidad que no le gusta. A ti parece gustarte porque la muestras tal cual es. ¿Dónde está la creatividad?

Pienso que nadie muestra la realidad tal cual es. A la fotografía se le atribuye un valor documental que es en realidad muy limitado. La cámara congela lo que ocurre en una fracción de centésimas, a veces milésimas de segundo. Eso no es nunca la realidad tal cual es. Por otra parte, para mostrar la belleza, por ejemplo, a veces solo hay que dejarse llevar, sin crear nada.

Hay encargos para todos los gustos. Supongamos que alguien te pide que fotografíes la esencia de una rima de Bécquer. ¿Cómo la harías?

Desnuda.

Ahora la pregunta del millón: ¿qué es la esencia que supuestamente sabe captar todo buen fotógrafo?

No hay una respuesta, porque no hay “todo buen fotógrafo”. Hay tantas formas de hacerlo como fotógrafos y son tan dispares entre sí como lo son las personas. Me fascinan fotógrafos realistas y otros surrealistas porque a ratos soy una cosa y a ratos otra.

“Hoy en día no solo cualquiera puede hacer fotos, sino que puede hacerlas muy buenas”

¿Qué te gustaría fotografiar que no hayas fotografiado todavía?

Muchos lugares del mundo, con cierta mujer cerca, y a  cierta mujer en muchos lugares del mundo.

¿Cuál es tu plano fotográfico preferido de A Coruña?

Sólo sé que sale el mar, del que esta ciudad es un okupa.

Qué piensas cuando alguien, ante un presupuesto profesional que considera excesivo y lo desprecia, dice: “esto lo hace cualquiera”. Mejor aún: ¿qué le dirías?

Como se da el caso regularmente, pienso que no era un cliente para mí y me dedico a otra cosa más productiva. No obstante, a alguno le he dicho que se estaba equivocando, que no gastarse el 1% en las imágenes de un establecimiento que se va a dar a conocer casi exclusivamente por internet pone en peligro el 99% de la inversión. Pero yo solo soy el fotógrafo, no me ocupo del plan de negocio.

Todo se copia, en la fotografía también

La fotografía ha inmortalizado momentos únicos, irrepetibles. ¿De qué foto histórica te gustaría formar parte?

Estar detrás de la cámara de muchas. Quizá del período de entreguerras o de algunos editoriales de moda de las décadas de los años 40 y 50 del siglo pasado. Una sola foto histórica: la que le hizo Bert Stern a Marilyn Monroe en 1962.

“Cuando reivindicamos la exclusiva paternidad creativa deberíamos considerar que llegamos aquí desnudos y, por tanto, todo lo que podamos generar es ajeno, adquirido, heredado, copiado de alguna forma”. Esta frase es tuya, la escribiste en uno de tus artículos de opinión. ¿No existe la originalidad, la autoría como garante de lo nuevo, nos repetimos constantemente copiándonos unos a otros?

Sí, lo escribí y lo creo: todos copiamos, se tituló aquel artículo.

¿Cómo debe proceder alguien ante una de tus fotos que quiera utilizar?

Me escribe o me llama y en función del uso previsto le doy precio y mi número de cuenta. Es bastante fácil para cualquiera que haya ido a la compra o a una boutique al menos una vez en su vida.


Pie de foto principal: Retrato de Andrés Irrazábal, fotógrafo / @arquifactoría.mff