GUILLERMO PARDO / La última donación de la Fundación Amancio Ortega ha causado otro incendio en las redes sociales, muy propensas a la inflamación.

Los 320 millones de euros donados por el artífice del imperio Inditex para renovar equipos oncológicos en España han motivado tal cantidad de irónicas y aceradas críticas, que más que un acto de generosidad parece que Amancio Ortega haya cometido un delito contra la humanidad.

No se sabe, más allá de lo que afirma en su comunicado de prensa, qué impulsó realmente a la Fundación Amancio Ortega a donar esos 320 millones. Quizá, como dicen muchos en sus críticas, solo busca notoriedad, ahorrar impuestos y ganar más dinero. En ese caso, hay que felicitar a los críticos por disponer de tan privilegiada información y compartirla. Pero si no es así, cabe desear más filántropos y menos especuladores.

Las reacciones humanas son sorprendentes e impredecibles. Criticamos a los ricos por el hecho de serlo, hagan lo que hagan, con la misma ligereza con que nos compadecemos de los pobres solo porque lo son, sin pensar que muchos lo han perdido todo por tomar decisiones equivocadas o por dilapidar sus fortunas sin haber contribuido siquiera con un euro a las cuestaciones contra el cáncer.

Envidia de los Amancio Ortega del mundo

Puesto que el acto de donar es voluntario, solo cabe ver en esa acción un gesto que puede evitarse y reservar el dinero y la influencia para otros fines.

Siento sana envidia de los Amancio Ortega del mundo. No por sus cuentas bancarias ni por su inalcanzable posición, sino por su poder transformador. O mejor aún, por los superpoderes que ellos están más cerca de poseer que yo.

Cuando alguien con esa capacidad económica invierte en instrumentos de curación masiva siendo libre de no hacerlo, cabe preguntarse: ¿cómo sería el mundo si esa gente decidiese evitar críticas e insultos dejando de hacer donaciones?

Seguramente el mundo mantendría su curso y ellos seguirían ganando mucho dinero, pero los criticaríamos sin piedad porque, pudiendo, no contribuyen a que sea un poco menos doloroso.