GUILLERMO PARDO / La niña que come pesadillas es el título de la quinta novela, primera que le publican, del escritor coruñés Adrián Suárez, quien, tras comenzar a escribirla a los 18 años y someterla a tres profundas revisiones, puede por fin ver cumplido su deseo de verla hecha realidad. La presentación tendrá lugar a las siete de la tarde del lunes 3 de abril en el Fórum Metropolitano.

Novela de literatura juvenil fantástica para adultos que sueñan, La niña que come pesadillas es la primera de tres obras que combinan ciencia ficción, terror y fantasía que el autor tiene ya en mente para continuar con una saga que comienza en Newcastle y se desarrolla en A Coruña, una ciudad de artistas, según calificación de propio Adrián Suárez.

Si ha pasado por tres fases de elaboración, “La niña que come pesadillas” es una novela difícil…

Sí, porque desde el punto de vista estructural está construida en varias capas. El tono general nos lleva a una moraleja: en épocas de crisis nos planteamos si nuestros sueños son propios o son resultado de los que nos impone la sociedad.

“Los chavales quieren tener un trabajo estable, y por eso se crean fórmulas legales para ofrecerles trabajo basura”

¿Cómo explicamos eso?

Con ejemplos. Antes los chavales decían que querían ser artistas, pintores o astronautas. Ahora dicen que quieren tener un trabajo estable, y por eso se crean fórmulas legales para ofrecerles trabajo basura. Todo eso está narrado en la novela como un cuento macabro que empieza siendo como un trastorno juvenil hasta convertirse en una obsesión de adultos, en algo más maduro.

Es una novela para adultos, jóvenes y adolescentes. El arco generacional es muy amplio…

La niña que come pesadillas está pensada para un público de entre 25 y 30 años, una generación, en la que me incluyo, a la que siempre le gustaron la fantasía, los cuentos de magia, la aventura y la fantasía heroica. Creo, sin embargo, que cuando tienes una cierta edad te gustaría un libro de esas características pero que aborde temas que nos afectan. Ese es un objetivo. Por eso en el primer capítulo vemos ese tono más juvenil, pero a medida que avanza la historia se va convirtiendo en una trama más oscura.

¿Te gusta meterle miedo a la gente o el miedo ya está ahí, en el día a día?

El miedo me parece una manera fantástica de generar tensión, sobre todo cuando trabajas con la novela, pues requiere que el lector tenga que construir el escenario en su mente. El miedo es una herramienta muy válida para que ese escenario sea todavía más invasivo. De hecho, Tania LaNoche, la protagonista, es capaz de leer los sueños de la gente y a través de ellos ver cómo se crean espacios deshumanizados para comerciar con sueños ajenos que en realidad se les presentan como propios.

Contra el machismo en los videojuegos

“La niña que come pesadillas” suena a título de videojuego.

Cuando viaja a A Coruña, una de las maneras de aprender español que tiene Tania, cuyo origen se sitúa en Newcastle, es con los videojuegos. Ahí encontramos otra intención en la novela, puesto que en el mundo del videojuego hay mucho machismo. Hay competiciones profesionales en las que se machaca mucho a las chicas. Cuando juegas online pueden leerse insultos a las mujeres. Por ello y contra eso, la novela tiene un carácter reivindicativo en el sentido de que Tania es jugadora y en la novela no se hace mención de que eso es algo raro porque es la cosa más normal del mundo. Hace falta normalización en este sentido, aunque a quien no juegue a videojuegos y no conozca esta realidad le suene raro.

El título también evoca hipérboles, metáforas e incluso sinestesias, ¿qué subyace en él?

Tiene una doble lectura. Hay otro personaje que es un reflejo opuesto a la protagonista. Con ello hago una especie de juego con lo que llamo comer pesadillas. Tanto Tania LaNoche como ese otro personaje lo hacen, devoran los sueños que nos venden como propios, lo que las lleva a tomar decisiones.

La defines como una novela de fantasía juvenil para adultos que saben soñar. ¿Cómo es eso?

Creo que podemos distinguir entre nuestros sueños y los impuestos por la sociedad. Es la reflexión a la que nos conduce la novela. Quizá suene pretencioso, pero esa es la intención.

Leemos en la promoción que “La niña que come pesadillas” es el comienzo de una saga de literatura juvenil. ¿La tienes ya en la cabeza?

Es una serie que se compone de tres libros que ya tengo pensados. Este es el primero, aunque cada uno es autoconclusivo. Lo que ocurre es que al final se da pie a contar nuevas historias en función de cómo continúa la idea.

Adrián Suárez: “Situar a la protagonista en A Coruña es una manera de reivindicar la propia ciudad, que también es una ciudad muy cómoda para trabajar”

¿Por qué elegiste A Coruña como escenario?

La razón más poderosa es un sentimiento de cariño por la ciudad. Siempre que se plantean personajes con magia y fantasía se suelen ubicar en lugares exóticos como Londres. Situar a Tania en A Coruña es una manera de reivindicar la propia ciudad, que también es una ciudad muy cómoda para trabajar porque tiene ambientes muy sugerentes como el faro, el mar, la Casa de las Ciencias, una especie de observatorio de las estrellas. Hay muchos elementos en A Coruña para construir un buen escenario de fantasía en torno a los sueños o a la naturaleza. Se combinaron ambas cosas y este es el resultado.

Adrián SuárezDices que A Coruña es una ciudad para artistas. ¿La ves así realmente?

Tuve la suerte de haber conocido a gente de A Coruña con gran capacidad artística. Cuando era más joven monté un grupo de música con varios amigos y conocimos a personas con esa capacidad. Hay mucha gente y grupos emergentes en A Coruña, mucho artisteo y gente con ideas buenas. En Arquitectura, la carrera que estudié, tuve compañeros con inquietudes culturales potentes. Así que me parece que aunque sea una ciudad pequeñita, sí que es un hervidero de gente con muy buenas ideas.

Arquitecto, redactor de temática de juegos, profesor y ahora escritor. ¿Con cuál de las profesiones te quedas?

Siempre he visto mi profesión relacionada con la comunicación. Haciendo arquitectura se comunica a través de dibujos, con la novela con textos. Al final acabo trabajando en lo mismo, en la comunicación. De hecho estoy terminando una tesis sobre narrativa en videojuegos. A mí lo que me gusta es contar historias e investigar sobre cómo encajarlas en un soporte determinado. Toda esta pasión me llega desde que empecé a escribir cuando tenía 15 años.