MAR ABAD (YOROKOBU) / Lo dijeron Aristóteles, Cicerón y Shakespeare: hay que hablar claro. Pero no sirvió de nada. La mayoría de las compañías y administraciones españolas redactan contratos y documentos incomprensibles. ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué no emplean un lenguaje sencillo y eficaz para comunicarse con los ciudadanos?

En los años sesenta, cientos de personas se reunieron a las puertas de la Casa Blanca con unos papeles y unos mecheros. Encendieron la llama y los hicieron arder como si estuvieran en el infierno. Tenían un motivo: no había dios que entendiera esos documentos.

Aquellos estadounidenses no tenían la flema española de aceptar una documentación indescifrable. Ese movimiento de consumidores exigió su derecho a entender qué decían las administraciones y las empresas. No estaban dispuestos a firmar un contrato en lenguaje encriptado y una letra pequeña imposible de ver sin tres lupas de aumento.

Obligación de la Administración, derecho ciudadano

El gobierno les escuchó. Desde entonces, escribir claro se convirtió en una obligación para las administraciones, y comprender un mensaje devino en derecho para los ciudadanos. Poco después empezaron a aprobar normativas que exigían que los contratos, las pólizas de seguro y las leyes estuvieran escritas de forma comprensible.

El movimiento del lenguaje claro ha ido creciendo y afianzándose a pasos de gigante en los países anglosajones. No sirvió de nada el frenazo que le intentó meter Ronald Reagan. En los ochenta, el derecho a entender ya estaba asumido como un derecho fundamental, y hoy está recogido en decenas de documentos, como el Acta por la escritura clara que presentó Barack Obama en 2010 o la web británica GOV.UK, que tiene como lema simpler, clearer, faster (más sencillo, más claro, más rápido).

En España, en cambio, parecen estar a por uvas. Varias administraciones han expresado su interés, pero aún no hay ninguna que haya implantado un programa de lenguaje claro. «Apenas se está empezando. En 2011 nos pidieron un análisis del discurso jurídico pero no se ha avanzado mucho», indica Estrella Montolío, catedrática de Lengua Española y experta en lenguaje claro. [Seguir leyendo].